32 AÑOS HACE QUE CHERNOBIL DESPEJÓ TODAS LAS DUDAS SOBRE EL PELIGRO NUCLEAR

El 26 de abril se cumplen 32 años del accidente de Chernobil, que mostró a las claras el peligro que entrañan las centrales nucleares. El Movimiento Ibérico Antinuclear (MIA)  quiere recordar a las víctimas y denunciar que no se han aprendido las lecciones de aquel accidente y pedir el cierre de las nucleares españolas cuando expiren sus permisos de explotación.

En la madrugada del 26 de abril se produjeron dos explosiones en el reactor número 4 de la central de Chernobil (Ucrania) que levantaron por los aires la losa de más de 500 Tm que cubría el reactor y desperdigaron por el medio ambiente una enorme cantidad de productos radiactivos, algunos cono una vida de decenas de miles de años. Un mal diseño, un experimento de seguridad motivado por las presiones políticas y una gestión envuelta en el secretismo, y el riesgo inherente a mantener una reacción en cadena, dieron lugar al peor accidente nuclear de todos los tiempos, con unos efectos simplemente devastadores: 4,5 millones de personas afectadas, una extensión contaminada equivalente a la tercera parte de España, localizada en Bielorrusia, Rusia y Ucrania, una nube radiactiva que viajó por toda Europa, dejó una fina capa de plutonio y afectó intensamente a países tan lejanos como Austria, una zona de 30 km de radio inhabitables y decenas de miles de víctimas, cuyo número total aún no ha sido consensuado debido sobre todo al acuerdo entre la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) para evaluar los efectos de los accidentes nucleares. Se puede decir, por tanto, que la OMS no es una agencia independiente cuando tratamos con accidentes nucleares, pues no emite evaluaciones realizadas por sí misma.

Este accidente detuvo definitivamente la expansión nuclear en el mundo, que el accidente de Harrisburg (EEUU, 1979) ya había ralentizado, y supuso que muchos grupos políticos y países del mundo se posicionaran en contra de esta fuente de energía. Sin embargo, en España el Gobierno del PP sigue sin aprender las lecciones de aquel accidente y se empeña en mantener las nucleares en funcionamiento hasta los 50 o quizá 60 años. Se argumenta que las nucleares son precisas para la transición energética pero, por el contrario, la falta de flexibilidad de esta fuente de energía dificulta el despliegue de las renovables. Esta resistencia al cierre implica mantener las nucleares en funcionamiento más tiempo del sensato y del que estaba previsto en sus diseños originales, lo que aumenta la probabilidad de que se produzca un accidente. Sólo los intereses económico de las grandes empresas explican la continuidad de esta fuente de energía.

En España, el mercado eléctrico está hecho a la medida de los explotadores de las nucleares que reciben unos pingües ingresos en forma de “beneficios caídos del cielo” que salen en realidad de los bolsillos de los consumidores. Por si esto fuera poco, las centrales continuarán generando residuos radiactivos de alta actividad, lo que ha generado el conflicto del ATC de Villar de Cañas (Cuenca) y fuerzan a la ampliación del cementerio de media y baja de El Cabril (Córdoba) o a la búsqueda de otro emplazamiento, hechos que también suponen conflictos sociales. Por todo ello reclamamos el cierre de las nucleares según caduquen sus permisos de explotación, de tal forma que la Península Ibérica se vea libre de esta amenaza en 2024.

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