33 AÑOS HACE QUE CHERNÓBIL DESPEJÓ TODAS LAS DUDAS SOBRE EL PELIGRO NUCLEAR

El 26 de abril se cumplen 33 años del accidente de Chernobil, que mostró a las claras el peligro que entrañan las centrales nucleares. El Movimiento Ibérico Antinuclear (MIA)  quiere recordar a las víctimas y denunciar que no se han aprendido las lecciones de aquel accidente y pedir el cierre de las nucleares españolas cuando expiren sus permisos de explotación.

En la madrugada del 26 de abril se produjeron dos explosiones en el reactor número 4 de la central de Chernobil (Ucrania) que levantaron por los aires la losa de más de 500 Tm que cubría el reactor y desperdigaron por el medio ambiente una enorme cantidad de productos radiactivos, algunos cono una vida de decenas de miles de años. Un mal diseño, un experimento de seguridad motivado por las presiones políticas y una gestión envuelta en el secretismo, y el riesgo inherente a mantener una reacción en cadena, dieron lugar al peor accidente nuclear de todos los tiempos, con unos efectos simplemente devastadores: 4,5 millones de personas afectadas, una extensión contaminada equivalente a la tercera parte de España, localizada en Bielorrusia, Rusia y Ucrania, una nube radiactiva que viajó por toda Europa, dejó una fina capa de plutonio y afectó intensamente a países tan lejanos como Austria, una zona de 30 km de radio inhabitables y decenas de miles de víctimas, cuyo número total aún no ha sido consensuado debido sobre todo al acuerdo entre la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) para evaluar los efectos de los accidentes nucleares. Se puede decir, por tanto, que la OMS no es una agencia independiente cuando tratamos con accidentes nucleares, pues no emite evaluaciones realizadas por sí misma.

Este accidente detuvo definitivamente la expansión nuclear en el mundo, que el accidente de Harrisburg (EEUU, 1979) ya había ralentizado, y supuso que muchos grupos políticos y países del mundo se posicionaran en contra de esta fuente de energía. Sin embargo, en España la Ministra Teresa Ribera pacta con las tres principales empresas eléctricas la prórroga del calendario de cierre nuclear entre 2025 y 2035, lo que supondría que todos los reactores pasaran de 40 años de funcionamiento y, en algún caso, hasta los 50. Para el Movimiento Ibérico Antinuclear esta propuesta es inadmisible. Entre los motivos caben destacar los problemas de seguridad que se agudizarán según los sistemas de las centrales vayan envejeciendo. Así, la prolongación de los permisos de funcionamiento implicará costosas y complejas revisiones de seguridad que forzarán a las empresas eléctricas a invertir miles de millones de euros que, sin duda, repercutirán sobre el precio de la electricidad.

Este alargamiento aumentará el volumen de residuos de alta actividad, en razón de unas 175 toneladas al año, sin que exista un método aceptable para la gestión definitiva. Lo mismo ocurre con la producción de residuos de media y baja actividad que no cabrán en el cementerio nuclear de El Cabril (Córdoba). En este sentido, el Movimiento Ibérico Antinuclear señala que el sexto programa de gestión de residuos radiactivos es en la práctica papel mojado.

El mantenimiento de las centrales nucleares en funcionamiento dificulta la transición a un modelo basado en las energías renovables debido a la nula flexibilidad de las nucleares. El apagado o encendido de un reactor nuclear es un proceso complejo que lleva unas 24 horas, por lo que esta fuente de energía convive mal en el mix eléctrico con fuentes intermitentes como las renovables. De esta forma no podrían desconectarse de la red para que las renovables viertan su producción. Esto genera el derroche de la energía, un problema que se agravará conforme se produzca mayor despliegue renovable.

EN RECUERDO DE CHERNOBIL

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