Los 35 años del desastre nuclear de Chernóbil no sirven de lección.

  • A los 35 años de la catástrofe, el gobierno de Ucrania apuntala su intención de promover un extraño turismo atraído por la dramática fama del lugar.
  • Ucrania, está optando por prolongar la operación de su flota nuclear de la era soviética. Del mismo modo que en nuestro territorio se está apostando por la prolongación de las centrales.
  • Como en el caso de Fukushima, se quiere pasar página para persistir en el error nuclear. 

Era difícil pensar que a los 35 años de la catástrofe, el gobierno de Ucrania anunciaría que presenta la candidatura de Chernóbil a la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco este 2021. La intención es promover un extraño turismo atraído por la dramática fama del lugar. Lo triste es que no deja de ser una fuente de ingresos para una zona empobrecida.  Chernóbil tuvo un récord de 124.000 visitas en 2019.  Muchos de los turistas son jóvenes que no tienen una idea clara de lo que pasó y de lo que arriesgan.  En cierto modo son un aviso de la actitud  que podrían adoptar las generaciones futuras sobre el problema de los restos que deja la industria nuclear y sus residuos radiactivos. un mensaje peligroso que podría provocar la errónea minusvaloración de la peligrosidad de la radiación, creando una falsa sensación de seguridad y que todo está bajo control, mientras seguimos muy lejos de poder dar solución a los problemas de la energía nuclear.

Lo cierto es que los gobernantes de las naciones más azotadas por los efectos del desastre, Bielorusia y Ucrania, siguen apostando por la energía nuclear. El caso de Bielorusia es el más difícil de entender. El país que ha sufrido la contaminación del 22% de su superficie, con niveles de radiactividad extremadamente altos en ciertas zonas, ha optado por embarcarse en la construcción de dos reactores con la empresa rusa AtomStroyExport (ASE). Uno ya está próximo a la primera carga de combustible.  Todo ello a pesar de la oposición interna, con acoso a la sociedad civil que realizaba campañas contra el proyecto. A pesar tambien de la desconfianza y protestas de sus países vecinos, Estonia, Letonia y Lituania que, en febrero de 2020,  declararon que no comprarán electricidad proveniente de la central nuclear. Un acuerdo que convierte la venta a Occidente en algo necesario para la rentabilidad del proyecto.  La opción nuclear condena a Bielorusia a grandes inversiones y a depender de terceros países, mientras las energías renovables son hoy la fuente más económica de nueva generación de electricidad. 

Ucrania , el país de Chernobil, en graves conflictos con Rusia por cuestiones territoriales y también energéticas,  ya que depende en un 54% de la electricidad nuclear que generan sus 15 reactores. En lugar de reducir esta carga está optando por prolongar la operación de su flota nuclear de la era soviética. Tres unidades han obtenido una extensión de vida de 20 años y otras seis de 10 años más. Parece que la intención es aumentar su independencia energética del gas de Moscú, pero la mayor parte del combustible nuclear proviene de la rusa Rosatom lo que mantiene la dependencia de Rusia.  Intentarán exportar electricidad a Europa Occidental, que presta apoyo económico al programa nuclear mediante el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) y Euratom, la agencia nuclear de la UE.  La financiación del BERD se justifica como un modo de controlar la reforma de plantas antigüas, pero según la ONG Bankwatch en Ucrania, no se está consiguiendo más seguridad. Los grupos ecologistas del país han pedido a las instituciones europeas que dejen de apoyar la prolongación del funcionamiento de esos reactores.

La superación del tiempo de funcionamiento para el que fueron diseñadas está siendo la principal política nuclear en Europa y EEUU.   En España las centrales de Almaraz, Vandellós II y Cofrentes ha obtenido la autorización del MITERD para operar entre 5 y 8 años por encima de los 40, su vida de diseño. Aunque el Consejo de Seguridad Nuclear les exija actualizaciones y modificaciones, es evidente que prolongar su funcionamiento implica un aumento del riesgo.  Una preocupación que se acentúa cuando una de las empresas  propietarias de esos reactores, Iberdrola, ha venido declarando en los últimos años, que serán necesarias “enormes inversiones” para prolongar la vida operativa de las centrales nucleares y que necesitan mayores ingresos.  

Para el Movimiento Ibérico Antinuclear (MIA) esas declaraciones son un reconocimiento de la ineficiencia económica de la energía nuclear, y una protesta por los impuestos que les corresponden. En su mayor parte recaudados para la gestión de sus residuos radiactivos. Un problema que no preocupa a las grandes empresas propietarias de nucleares pero sí al movimiento antinuclear y a la sociedad.

No podemos permitir que se olvide Chernóbil.  No se ha aprendido la lección y tampoco la de Fukushima. La energía nuclear no es segura ni rentable ni necesaria para frenar el cambio climático.