Francia es una muestra de la inseguridad de la energía nuclear.

La inseguridad de suministro que ofrece la energía nuclear en Francia va a convertir al país en importador de electricidad. 

A pesar de ello el organismo regulador  francés ASN obliga a la parada y revisión de centrales por grave deterioro por corrosión en parte de su parque nuclear.

El MIA reclama del CSN la misma diligencia en los problemas de centrales españolas.

Desde Abril Francia cuenta con solo la mitad de su imponente flota nuclear.  Tiene 27 reactores fuera de servicio en un momento de alto consumo eléctrico y precios record de la electricidad en el país.  Parte de esta situación se debe a recarga de combustible y revisiones reglamentarias tras periodos de 10 años de funcionamiento. Pero lo que preocupa es el hallazgo de un fenómeno de “corrosión bajo tensión” que provoca grietas en las tuberías del sistema de inyección de seguridad de los reactores, un sistema necesario para enfriar el circuito primario que refrigera el núcleo y ayudar a reducir la reacción nuclear en caso de accidente. Hay cinco reactores afectados, pero se teme que el problema sea de mayor alcance.

La Autoridad de Seguridad Nuclear (ASN) francesa ha considerado que, a pesar del coste para el país, la seguridad exige que no se retrase la investigación de la extensión del problema. Desde finales de Abril se planificaron inspecciones en otros seis reactores: dos en CN de Bugey, uno en la CN Cattenom, uno en CN Chinon y los reactores 1 y 2 de la central nuclear de Flamanville, donde se está construyendo el único nuevo reactor francés (y con no pocas dificultades).

El parque nuclear francés puede tardar en recuperarse.  Los 56 reactores operativos son de tres tipos o categorías de reactores de diferente potencia, cada una de ellas muy homogenea, por lo que cuando aparece un problema estructural en un reactor hay que considerar que puede estar presente sus iguales.  La corrosión del sistema de inyección mencionado se ha localizado ya en dos de los tres tipos de reactores en operación, reactores de 1.450 MW y 1.300 MW,  los más potentes.   La compañía operadora EDF tendrá que hacer controles exhaustivos en los reactores representativos de los distintos modelos que opera. Para comenzar, un reactor de la CN Chinon  y otro de la central nuclear de Fessenheim, ambos de 900 MW, la categoría más numerosa.

EDF tendrá que inspeccionar todos sus reactores y no parece que pueda completar la tarea hasta finales de 2023.  Va a ser un periodo muy difícil para la seguridad de suministro energético en Francia, que se verá obligada a importar electricidad, mientras en los países vecinos con conexión  eléctrica al pais galo, el aumento de la demanda  por el aumento de exportación hará subir los precios.

Debe señalarse que la actitud exigente con la seguridad del ASN francés, contrasta con la permisividad en anteriores ocasiones de su homólogo español, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN).  En las nucleares españolas también aparecieron problemas de corrosión, ya desde los años 90. Nada menos que en los doce generadores de vapor de Almaraz I y II y Ascó I y II que hubo que cambiar.  O la corrosión que causó la rotura de la tubería de aguas esenciales de Vandellós II en 2005.  El fenómeno llegó a ser muy grave en la cerrada central de Garoña, pues afectaba al propio barrilete metálico que albergaba al nucleo, con una fisura en toda su circunferencia, y al 70 % de los tubos por los que penetran las barras de control, que actúan como “frenos” de la reacción nuclear.   Ante la aparición de estos problemas, el CSN no obligaba a parar la central, si no que permitía su funcionamiento hasta que llegara a su periodo de recarga de combustible, antes de examinar los daños.

Otro ejemplo de 2016, es el de los protocolos de control de calidad de materiales falseados de la empresa AREVA que ha realizado trabajos en centrales nucleares francesas y españolas. Al descubrirlo la ASN paralizó 15 reactores para inspeccionarlos, mientras que el CSN en España simplemente descartó la posibilidad de que existiera ese problema sin inspección alguna.

Para el Movimiento Ibérico Antinuclear (MIA), el papel del CSN como autoridad de inspección y regulación en las cuestiones nucleares, es esencial.  Necesitamos un CSN que priorice la seguridad, y para ello sea independiente frente a las presiones, y transparente ante la ciudadanía.  Especialmente en este periodo de funcionamiento en el Estado español de centrales nucleares envejecidas.